Queridas compañeras y compañeros: Vivimos tiempos de cambio en el ámbito de instituciones como la nuestra, los Colegios profesionales. Pero tan cierto como lo anterior, lo es el hecho de que los cambios nos deben estimular a ofrecer lo mejor de nosotros mismos, y de nuestro Colegio, aun antes de venir obligados a ello por disposiciones ajenas a los órganos de ordenación profesional. Los Colegios son necesarios en tanto en cuanto sean capaces de cubrir las necesidades y, por qué no, anhelos de todas las personas colegiadas, pero siempre con el punto de mira puesto en la ciudadanía. Es la Sociedad el destinatario principal y último de nuestros servicios, de manera que ésta, y no otra, ha de ser la actitud de todos los Colegios. El Colegio no es, no puede ser, un fin en sí mismo, sino un medio para llegar al ciudadano, satisfaciendo sus necesidades por nuestro especial conocimiento del medio. Pero esta labor, que desarrollamos con orgullo, no es fácil. Nos exige trabajo. Nos exige estar al día, e incluso un paso más allá, en conocimientos de derecho que nos demanda la Sociedad. Es por eso que nuestro Colegio ha apostado con fortaleza, contenido y rigor, en el perfeccionamiento de un proyecto estratégico de formación que, dirigido desde la escuela de Práctica Jurídica, complete nuestra formación continua, nos dote de formación especializada, con reconocimiento amplio de las especialidades que desarrollemos. No sólo nosotros debemos saber que nos dirigimos hacia la excelencia formativa y de conocimientos. Tenemos que ser capaces de obtener el reconocimiento de la Sociedad en esta tarea, porque, insisto, en definitiva es a ella hacia quien dirigimos nuestro trabajo. La tarea marcada, con la implicación que siempre ha mostrado nuestro colectivo, es sencilla. Ya estamos buscando nuevos retos para abanderar la vanguardia de los cambios que, como os decía al principio, se avecinan. Un cordial abrazo. |